by basket.lacasilla
El Bizkaia Bilbao Basket parece sufrir de este mal cuando tiene que disputar los partidos lejos de su casa: malos inicios que acaban lastrando el resultado final.
En lo que llevamos de temporada, los hombres de negro han sido capaces de ganar todos los partidos en casa, mientras que sus desplazamientos se contabilizan por derrota. Tampoco es para volverse loco, ni tomar decisiones arriesgadas.
Son 3 jornadas de Euroliga, con derrotas frente a Cantú y Nancy, y y 6 jornadas de Liga Endesa, con derrotas frente a Alicante, Barcelona, y Manresa. Es por todos sabido, pero quizás no asumido, que la Euroliga no iba a ser un paseo militar. Bilbao Basket es un recien llegado a la maxima competición, y frente a él se levanta torres quizas demasiado altas, con mas experiencia en partidos de alto nivel.
En cuanto a la Liga Endesa, la derrota contra el Barcelona puede entrar dentro de las contabilizadas desde el inicio. Ahora si, las derrotas frente a Alicante y Manresa, a priori rivales, con todos los respetos, de otra liga.
El partido contra el Nancy, se perdio en los ultimos minutos debido a la aparición de Batum, un NBA que demostro su nivel y saber hacer. En Cantú, un partido igualado que pudo ganar cualquiera, pero ciertos desajustes privaron de la victoria. Aunque quizas la mas dolorosa fue la ocurrida anoche, mas por la forma en que se presento desde el inicio. Un parcial de 22-4 es dificil de asumir, aunque se consiga remar a contra corriente hasta ponerse en el marcado a 4 puntos. Pero ese desgaste se acaba pagando.
En los tres casos, hay dos factores comunes: Falta de intensidad en defensa en momentos puntuales, y la desaparición de AJ. El Bizkaia Bilbao Basket, pierde su identidad de defensa fuerte y contra-ataque cuando juega lejos de casa y en ese tipo de juego tiene mucho que ver el base de Hartford, que es el principal estilete de los de Fotis Katsikaris. Es desconocido por el aficionado las razones de las desaparicion de Jakcson, pero se le espera que regrese este miércoles frente al Fenerbahce, al amparo del “efecto miribilla”, alli donde los hombres de negro se sienten seguros.